
Adicción Sexual
¿Qué es la adicción sexual?
Patrick Carnes (1994), fue el pionero en el campo de la adicción sexual, desde 1976 se dedicó a investigar como los comportamientos sexuales compulsivos se asemejan a comportamientos compulsivos encontrados comúnmente en otras adicciones. Por esta razón, Carnes eligió utilizar el término adicción sexual para describir un conjunto de comportamientos desadaptativos e incontrolables de índole sexual. Con respecto a la clasificación, ésta fue y sigue siendo muy controversial, discutiéndose la adecuación del término hasta el día de la fecha (Apt & Hulbert,1995; Coleman, 1990; Goodman, 2001; Schneider & Irons, 1996). Entre las diferentes posturas sobre la clasificación más pertinente para éste trastorno, encontramos autores que señalan a este desorden como un comportamiento sexual compulsivo (Abouesh & Clayton, 1999), otros creen conveniente denominarlo un desorden en el control de los impulsos (Hollander y Rosen, 2000), y algunos autores postulan que éste desorden se encuentran dentro del grupo de las parafilias (Kafka, 1997), en el pasado a su vez, diferentes nombres fueron utilizados para denominar a éste cuadro, entre los cuales encontramos a la ninfomanía, la hipersexualidad y la satiriasis.
Hasta ahora no hay estudios de meta-análisis realizados ni trabajos efectuados de manera exhaustiva, por lo cual se manejan cifras aproximadas, pero se estima que entre 17 y 37 millones de personas luchan contra este desorden adictivo solamente en EEUU (Carnes, 1994b; Cooper, Delmonico & Burg, 2000; Morris, 1999; Wolfe, 2000). Esto significa que al menos un 6% de esta población padece dicho trastorno, lo cual representa un número más que significativo como para estudiar con mayor detalle éste cuadro.
De acuerdo al Consejo Nacional sobre Adicción y Compulsión Sexual (2000), el desorden adictivo sexual puede expresarse de diferentes formas: múltiples relaciones extramatrimoniales, excesivos contactos con prostitutas, numerosos encuentros sexuales anónimos, llamados telefónicos recurrentes a hotlines, masturbación compulsiva, sexo por Internet y en un excesivo gasto de dinero en pornografía. No se considera adicto al sexo a cualquier persona que elabora y hasta cumple sus fantasías sexuales, por más extravagantes que sean. Son adictos aquellos que no pueden controlar su conducta y terminan perjudicándose a ellos mismos y/o a terceros. Como un alcohólico es incapaz de parar beber, los adictos sexuales no pueden parar con sus comportamientos sexuales autodestructivos. Las desintegraciones familiares, el desastre financiero, la pérdida de trabajos, los arrestos y el riesgo a la vida son algunos de los problemas por los cuales estas personas pueden acudir a la consulta. Es importante entender que éste tipo de pacientes se sienten culpables y avergonzados por sus comportamientos fuera de control, temiendo constantemente ser descubiertos, pero por la naturaleza del trastorno no puede abandonar las conductas sexuales disfuncionales.
Etiología
Carnes (1990), asevera que según su experiencia dos de cada tres pacientes habían sido víctimas de abuso físico, emocional o sexual durante la infancia. En esta misma línea se realizaron otras investigaciones, las cuales demostraron que existe una correlación muy alta entre los abusos producidos en la niñez y la adicción sexual en la edad adulta. Según los pacientes consultados se encontró que: el 97% habían padecido abusos emocionales, el 83% habían sufrido abuso sexual y el 71% abuso psicológico.
Myers (1995), afirma que según sus estudios, los pacientes adictos sexuales presentan un paradigma de severa privación maternal. Y plantea que estos pacientes exhiben una profunda incapacidad de proporcionarse a sí mismos cuidado maternal, salvo y únicamente a través de la actividad sexual.
Según algunos autores (Cooper et al.2000), la adicción sexual es un fenómeno que está en aumento, debido en parte a la accesibilidad y anonimato de la sexualidad, producto entre otras cosas de las nuevas tecnologías como por ejemplo internet.
Con respecto a la presencia del desorden según el género, sigue siendo confuso si tiene una incidencia más alta en un sexo más que en otro. Según la investigación del Dr. Carnes (1994) aproximadamente el 80% de los pacientes que buscan ayuda para tratar su adicción sexual son hombres.
Criterios Diagnósticos
En la búsqueda de criterios diagnostico, autores como Goodman (1993), Levin (1999), y Young (1999), comparan los criterios para la adicción sexual con los criterios establecidos para la dependencia de sustancias según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-IV-TR; APA, 2000). Para éste manual la dependencia de sustancias se entiende como un patrón desadaptativo de consumos de las sustancias que conlleva un deterioro o malestar clínicamente significativos, expresado por tres (o más) de los ítems siguientes en algún momento de un periodo continuado de 12 meses:
1) Tolerancia, definida por cualquiera de los siguientes ítems:
(a) una necesidad de cantidades marcadamente crecientes de la sustancia para conseguir la intoxicación o el efecto deseado.
(b) el efecto de las mismas cantidades de sustancia disminuye claramente con su consumo continuado.
2) Abstinencia, definida por cualquiera de los siguiente ítems:
(a) el síndrome de abstinencia característico para las sustancias
(b) se toma la misma sustancia (o una muy parecida) para aliviar o evitar los síntomas de abstinencia.
3) La sustancia es tomada con frecuencia en cantidades mayores o durante un periodo más largo de lo que inicialmente se pretendía.
4) Existe un deseo persistente o esfuerzo infructuoso de controlar o interrumpir el consumo de la sustancia.
5) Se emplea mucho tiempo en actividades relacionadas con la obtención de la sustancia, en el consumo de la sustancia o en la recuperación de los efectos de la sustancia.
6)Reducción de actividades sociales, laborales o recreativas importantes debido al consumo de la sustancia.
7) Se continua tomando la sustancia a pesar de tener conciencia de problemas psicológicos o físicos recidivantes o persistentes, que aparecen causados o exacerbados por el consumo de la sustancia.
Se propone utilizar los mismos criterios modificando el término sustancia por el de comportamiento sexual. Además de los elementos enumerados en el manual, los autores citados anteriormente observaron tres componentes adicionales en la adicción sexual: el factor del secreto, el uso del sexo como escape en un estado disfórico, y la probabilidad del incursionar en actividades ilegales movilizados por su adicción.
El establecimiento de un criterio diagnóstico común permitiría, la creación de un lenguaje clínico compartido, una legitimación del desorden y un paso hacia el logro de un protocolo de tratamiento estandarizado.
Para concluir la discusión sobre los criterios para identificar éste desorden adictivo, quiero remarcar que no todo comportamiento sexual compulsivo se explica dentro del cuadro de adicción, ya que dichos comportamientos pueden ser parte de un trastorno de personalidad, de trastornos obsesivos compulsivos, parafilias sexuales y otros desordenes. Aquí reside la importancia de realizar un correcto diagnóstico según los criterios enumerados anteriormente.

Adicciones Psicológicas
Las adicciones psicológicas (adicciones sin drogas) funcionan como conductas sobreaprendidas que traen consigo consecuencias negativas y se adquieren a fuerza de repetir conductas que en un principio resultan agradables o bien como estrategias de afrontamiento inadecuadas para hacer frente a los problemas personales (por ejemplo, comer en exceso para hacer frente a la ansiedad o el aburrimiento). El uso adictivo de una conducta placentera implica el control de la misma por reforzadores negativos (evitación de algún tipo de malestar); el uso no adictivo, por el contrario, de la misma está asociado al control por reforzadores positivos. Todas las adicciones psicológicas están relacionadas con déficits en el control de los impulsos y con problemas de autocontrol (Marks, 1990).
Los estímulos condicionados desempeñan un papel importante en el mantenimiento de las adicciones psicológicas. Los estímulos condicionados externos pueden variar de una adicción a otra: el sonido de una máquina tragamonedas, en el caso de un jugador patológico; el olor a alimentos, en el caso de un adicto a la comida; la vista de una mujer sola, en el caso de un sexoadicto; los anuncios publicitarios, en el caso de un adicto a las compras, etc. Sin embargo, los estímulos condicionados internos son muy similares en todas la adicciones. La disforia es, sin duda, el más importante. De hecho, la mayoría de los adictos tienden a recaer cuando se encuentran mal o deprimidos (Carnes, 1994a).
Las adicciones psicológicas no figuran incluidas como tales en el DSM-IV-TR (American Psychiatric Association, 2000). En esta clasificación nosológica el término adicción s e reserva para los trastornos por abuso de sustancias psicoactivas. La categoría más próxima conceptualmente es la referida a los trastornos del control de los impulsos, pero esta categoría, si bien tiene en común con las adicciones psicológicas los déficits en el autocontrol, resulta insatisfactoria porque abarca problemas de conducta desencadenados por estímulos cualitativamente distintos y que no son especialmente placenteros, como el trastorno explosivo intermitente (312.34) o la tricotilomanía (312.39).
Podemos plantear que por lo tanto lo que caracteriza a una adicción psicológica no es el tipo de conducta implicada, sino el tipo de relación que el sujeto establece con ella.
La clasificación actualmente vigente del DSM-IV-TR (APA, 2000) resulta insatisfactoria. En primer lugar, porque limita las adicciones a aquellas que están generadas por el abuso de sustancias químicas. En segundo lugar, porque no figuran conceptualizadas como tales las adicciones psicológicas, ni siquiera en otros epígrafes diferentes. Y en tercer lugar, porque en el capítulo referido a los trastornos del control de los impulsos se sigue un criterio homogeneizador poco preciso, en donde figuran trastornos tan disimiles como el juego patológico (una adicción psicológica), la tricotilomanía (un mero hábito inadecuada) o la piromanía (un trastorno del control de los impulsos propiamente dicho).
No deja de ser sorprendente, por ejemplo, que el juego patológico, no esté conceptualizado como una adicción, pero que, sin embargo, figuren resaltados en los criterios diagnósticos los aspectos de tolerancia y abstinencia.
En las conductas repetitivas deben distinguirse, los meros hábitos inadecuados (tricotilomanía, onicofagia) de las adicciones (químicas o psicológicas), de los impulsos, los cuales se presentan como tendencias irrefrenables a la acción (piromanía, cleptomanía, trastorno explosivo intermitente) y de las compulsiones (conductas repetitivas sin sentido contra las que se resiste el sujeto).
Comorbilidad entre adicciones a sustancias y psicológicas
Varios estudios han demostrado la clara relación entre las adicciones a sustancias y las psicológicas. Das (1990) demostró la conexión entre el alcoholismo, comer compulsivamente y el juego patológico. Merta (2001) observó comorbilidades entre la dependencia de sustancias y de comportamientos tales como comer, jugar y comprar de forma compulsiva. Rowan y Galasso (2000) demostraron la conexión entre el juego patológico y el alcoholismo, al igual que Ledgerwood, Downey (2002) y Potenza (2002).
Autores como Grifin-Shelley (1992) estudiaron adolescentes admitidos en un hospital psiquiátrico, los cuales presentaban dos o más diagnósticos de adicciones. De los adolescentes que participaron en el estudio, el 91% divulgaron ser dependientes de alguna droga. De estos participantes, el 100% divulgó el uso de nicotina, el 87% presentaba dependencia dentro de las relaciones, el 82% divulgó dependencia al alcohol, el 74% expresó tener comportamientos sexuales compulsivos, el 61% presentaban desordenes alimenticios, y el 18% jugaba de modo compulsivo.
Carnes (1992) realizó un estudio con individuos sexualmente adictos, los cuales presentaban altas tasas de comorbilidad con otras adicciones. Carnes encontró en su muestra que el 42% de individuos que eran adictos sexuales, eran también adictos a sustancias, el 38% tenía comorbilidades con desordenes de la alimentación, el 28% trabajaba de forma adictiva, el 26% gastaba dinero de forma compulsiva, y el 5% eran jugadores empedernidos.
Delmonico y Griffin (1997) realizaron un estudio con agresores sexuales, a los que se podía catalogar de adictos sexuales, en éste grupo identificaron comorbilidades con las drogas, al gasto compulsivo, desordenes alimentarios y el juego patológico.
Young (1999) realizó un estudio con pacientes que mantenían relaciones virtuales de forma adictiva y validó la conexión entre las adicciones a las sustancias y las sexuales destacando las similares estadísticas, comportamientos e intervenciones usadas para ambos tipos de adicción.
En un estudio relacionado Black (1997) describió la sociodemografía, la fenomenología y las comorbilidades psiquiátricas que presentan los individuos que sufren de comportamientos sexuales compulsivos y encontraron que un número elevado de participantes también poseía adicciones a sustancias.
Raviv (1993) concluyó que los psicoterapeutas necesitan ser conscientes del fenómeno de las adicciones múltiples y que muchos de los pacientes son adictos simultáneamente a más de un tipo de sustancias y/o patrón de comportamiento disfuncional.
Dado que la adicción sexual se encuentra a menudo asociada con otros desordenes adictivos, no sería aconsejable tratar un solo desorden (ej. dependencia química) sin la comprensión e impacto que esto tiene en los otros desordenes comorbidos.
Los profesionales corren el riesgo de diagnosticar erróneamente a pacientes cuando asumen que la dependencia química es independiente de otros comportamientos adictivos (Manhal-Baugus, 1996). En realidad, allí puede ser que la base sean las conductas adictivas sexuales, las cuales generan adicciones a sustancias y que a su vez son fácilmente identificables (Peck, 1993). Los pacientes a menudo primero reconocen estas adicciones secundarias (químicas), porque tales adicciones son más aceptables socialmente que las adicciones sexuales.
Parece prudente tratar adicciones múltiples de manera simultánea, para no repetir las mismas intervenciones terapéuticas en cada desorden (Juhnke, 2002). Porque las mismas intervenciones utilizadas en pacientes con dependencia química han probado ser eficaces para tratar otros desordenes adictivos (Griffin-Shelley y otros, 1992).

Comorbilidad con otros trastornos
Además de la comorbilidad con otras conductas adictivas, la adicción sexual se encuentra a menudo conjuntamente con otros desordenes psiquiátricos. Muchos autores (Carnes, 1994a; Manley & Koehler, 2001; Ragan y Martin, 2000) describen las complicaciones en determinar la presencia de la adicción sexual, ya que generalmente estas conductas se ocultan, intencionalmente o no, detrás de otros cuadros, como por ejemplo la depresión, tentativas de suicidio o ansiedad.
Ragan y Martin (2000), en la descripción de la psicobiología de la adicción sexual, observaron la comorbilidad psiquiátrica entre la adicción sexual y desordenes tales como la depresión y ansiedad. Delmonico y Griffin (1997) identificaron sensaciones de desesperación, desamparo y vergüenza entre individuos estudiados.
Black, Kehrberg, Flumerfelt, y Schlosser (1997) encontraron un alto predominio de comorbilidades en pacientes adictos al sexo, especialmente desordenes de ansiedad (el 50%), y desordenes del estado de ánimo (el 39%).
A su vez Carnes (1994a) demostró que la adicción sexual va acompañada a menudo de trastornos tales como la paranoia, depresión, ideaciones suicidas, manía, ansiedad y trastornos obsesivo-compulsivos.
En algunos casos hay ciertas características de personalidad o rasgos de Conducta que aumentan la vulnerabilidad psicológica a las adicciones, como ser: el egocentrismo, la disforia (estado anormal del ánimo que se vivencia subjetivamente como desagradable y que se caracteriza por oscilaciones frecuentes del humor); la intolerancia a los estímulos displacenteros, tanto físicos (dolores, insomnio, fatiga, etc.), como psíquicos (disgustos, preocupaciones, responsabilidades, etc.); y la búsqueda exagerada de sensaciones, como ocurre en el caso de la hipersexualidad, la adicción a las compras o del juego patológico (Ochoa, Labrador, Echeburúa, Becoña y Vallejo, 1994).
Evaluación clínica
Muchos pacientes que son adictos sexuales no admiten el problema hasta que sus vidas se vuelven inmanejables (Carnes, 1994a) y sólo de esa manera buscan tratamiento. Consecuencias tales como parejas destruidas, enfermedades de transmisión sexual, embarazos no deseados, arrestos, o las órdenes judiciales son a menudo los disparadores que movilizan a los pacientes a buscar tratamiento. Es por lo tanto crucial reconocer la naturaleza adictiva de estas actividades sexuales, determinando el efecto que están teniendo en el paciente, así como en otros significativos, tornándose una prioridad que los individuos cesen con las actividades ilegales o autodestructivas (Schneider, 2000).
Durante la evaluación clínica, es fundamental diagnosticar apropiadamente a los pacientes. Esto es particularmente necesario para distinguir entre diferentes comportamientos que se pueden categorizar como adicciones, compulsiones, trastornos del control de los impulsos o parafilias. Es por lo tanto importante recopilar información de la naturaleza, momento de inicio, duración, frecuencia, y el progreso de los síntomas experimentados (Seligman y Hardenburg, 2000).
Para realizar la evaluación clínica Goodman (2001) ha desarrollado una sigla para ser utilizada dentro de una entrevista estructurada con el propósito de diagnosticar la adicción sexual. La sigla WASTE Time (tiempo perdido) fue creada para trabajar con los pacientes que presentaban adicción sexual. La designación de esta sigla (tiempo perdido), es apropiada dado la cantidad enorme de tiempo que pierden estos pacientes en la búsqueda de sexo.
Cada una de las letras de las siglas corresponde a uno o más de los criterios de diagnóstico para la adicción sexual y se puede adaptar de tal manera para (a) evitar resistencia y negación y (b) que se ajuste el diagnóstico clínico al paciente individual.
W: Withdrawal (abstinencia):
¿Ha experimentado algún síntoma en particular cuando usted no puede mantener actividades sexuales? Las respuestas típicas pueden incluir irritabilidad, ansiedad, depresión, cólera, y/o otros estados. Los pacientes pueden también revelar el uso de otros comportamientos o sustancias para complementar su adicción al sexo.
A: Adverse consequences (consecuencias adversas):
¿Ha experimentado alguna consecuencia negativa o adversa como resultado de sus comportamientos sexuales? Las respuestas típicas pueden incluir ruptura de relaciones, oportunidades perdidas en su carrera, dificultades financieras, lesiones físicas, y traumas psicológicos. Esta pregunta puede llevar a responder sobre las actividades y los espacios de la vida que se han reducido o que se han sacrificado por el desorden adictivo.
S: Inability to Stop (imposibilidad de parar):
¿Se le hace difícil controlar o parar sus comportamientos sexuales, incluso cuando usted sabe que continuar con dichos comportamientos le causará daño? Las respuestas típicas pueden incluir varias tentativas sin éxito en lo que se refiere a la detención o control de los comportamientos adictivos, incluso cuando está situación plantea problemas físicos o psicológicos.
T: Tolerance or intensity (tolerancia o intensidad):
¿Encuentra necesario aumentar la cantidad o intensidad de sus comportamientos sexuales para alcanzar el mismo efecto deseado?.
E: Escape (escape):
¿Usted utiliza la actividad sexual como escape de estados negativos del humor, como por ejemplo la tensión, la ansiedad, la depresión, la tristeza, la soledad, o el enojo? Las respuestas generalmente incluyen estos estados.
Time (tiempo) se puede dividir en:
El tiempo invertido (preparándose, manteniendo relaciones o recuperándose):
¿Cuánto tiempo utiliza en la búsqueda, los actos en sí y recuperarse de las actividades sexuales? Las respuestas típicas pueden incluir los comportamientos ritualistas tales como utilizar toda la tarde en busca de una conquista sexual, ejercicios sexuales para aumentar vigor, o el uso de productos químicos adictivos con el objeto de prepararse para las actividades sexuales.
El tiempo perdido:
¿Gasta más tiempo y recursos en sus actividades sexuales de lo que usted desea? Las respuestas típicas son comentar las horas pasadas en Internet, el no dormir debido a un fin de semana que pasó realizando actividades voyeuristicas, o el dinero perdido en actividades sexuales.
Una respuesta afirmativa a una o más de las preguntas indican una alta probabilidad de encontrarnos ante un cuadro de adicción sexual.
Además de entrevistas estructuradas, varios instrumentos de diagnóstico están disponibles para identificar los comportamientos sexuales adictivos. Algunos ejemplos son las pruebas de monitoreo de adicción sexual (Carnes, 1994a), el inventario revisado sobre dependencia sexual (Delmonico, Bubenzer, y West, 1998), las entrevistas de trastornos sexuales compulsivos (Black y otros, 1997), y la escala de compulsividad sexual (Cooper y otros, 2000). Considerando que muchos de estos instrumentos se han desarrollado a través de la práctica clínica, poseen por lo cual trabajos empíricos que demuestran su estabilidad psicométrica.
Carnes (1994a) identificó dos desafíos en la fase de investigación y evaluación. Primero, la naturaleza oculta de la adicción sexual, por lo cual los pacientes y sus familias generalmente minimizan o racionalizan lo que pasa, lo cual complica el diagnostico inicial. Por ejemplo, los pacientes se pueden presentar inicialmente con una crisis financiera como motivo de consulta. Luego de un tiempo, puede ser revelado, o llegar a ser evidente, que la crisis financiera es resultado del dinero que es gastado en actividades sexuales.
El segundo desafío implica que cuando coexiste con otros problemas se torna difícil hacer un diagnostico preciso. Por ejemplo, si un paciente ha tenido una tentativa reciente del suicidio (que puede ocurrir con los individuos que son adictos sexuales) o está experimentando otros problemas significativos tales como alcoholismo, juego patológico, violencia domestica, estos problemas pueden ocultar el diagnostico inicial de adicción sexual. Con el conocimiento, de que este trastorno se mantiene generalmente oculto y la gran existencia de comorbilidades dentro de la adicción sexual, el terapeuta debe estar preparado para hacer una evaluación precisa y oportuna.

Acercamientos teóricos
Podemos hacer hincapié en dos aproximaciones teóricas para el tratamiento de los pacientes que son adictos sexuales. La primera se encuentra a menudo agrupada bajo la denominación de tratamientos cognitivo conductuales y es donde se adscriben la mayoría de los autores y profesionales que trabajan con éste tipo de pacientes (Carnes, 1994a; Myers, 1995; Seligman & Hardenburg, 2000; Smith, 1998; Wolfe, 2000), dentro de la cual se aplican una gran variedad de técnicas, entre las cuales podemos remarcar la identificación de los disparadores eróticos, reducción de la ansiedad, recondicionamiento orgásmico, pensamiento calmado, reestructuración cognitiva, reconocimiento del riesgo y la modificación de cogniciones distorsionadas entre otras. A su vez se ayuda a los pacientes a desarrollar habilidades sociales y trabajar para generar sentimiento de asertividad, así como recurrir a la psicoeducación de aspectos relacionados con la sexualidad, dentro del marco de una relación sana.
En segundo lugar tenemos los enfoques teóricos psicodinámicos, los cuales también son utilizados en el tratamiento de la adicción sexual. Este acercamiento teórico intenta asistir al paciente en la resolución de experiencias pasadas y actuales que mantienen el comportamiento adictivo. La meta de este acercamiento es facilitar la mejora del control de impulso, de las habilidades interpersonales, y del amor propio de los pacientes, buscando formas más apropiadas de satisfacción sexual (Myers, 1995). Durante el proceso terapéutico, es importante que el paciente identifique las motivaciones concientes e inconcientes que determinan sus comportamientos. Se piensa que la conducta adictiva es mantenida ya que proporciona un sentido del sí mismo, una sensación de poder, una dirección y significado a sus vidas.
Modalidades de Tratamiento
La primera consideración al trabajar con individuos que son adictos sexuales, independientemente del tipo de tratamiento usado, debe ser decidir el nivel del cuidado que necesita el paciente, si debe ser hospitalizado o si se puede trabajar ambulatoriamente (Myers, 1995).
A menos que los pacientes presenten un riesgo significativo para sí mismos o para terceros, o que no hayan respondido a tratamientos ambulatorios anteriores, la opción de tratamiento es la no hospitalización.
Después, los terapeutas deben decidir qué modalidad es la más apropiada (individual, de pareja, familiar, o grupal) como parte de un programa holístico del tratamiento. Según Carnes (1994a) la terapia de grupo es la modalidad que mayormente se recomienda en el trabajo con pacientes adictos sexual, ya que supuestamente los grupos rompen con el aislamiento en el cual se ven inmersos los pacientes, ayuda en la adquisición y la práctica de capacidades comunicativa, ofrece modelos para hacer frente a las compulsiones utilizados por otros miembros del grupo, y proporciona una “confrontación con la realidad” cuando se expresan los pensamientos y los comportamientos de los miembros dentro del grupo.
Varios autores identificaron ciertas metas en el tratamiento, que son útiles en el trabajo con pacientes adictos sexuales. Éstas son similares a las metas que se utilizan en el trabajo con pacientes adictos a sustancias químicas. El primer paso es trabajar con la unidad familiar, especialmente porque muchos buscan ayuda como resultado de una crisis marital o familiar (Carnes, 1992,1994b; Schneider, 2000). Las metas posibles del tratamiento serían establecer cierto grado de respuesta de la familia y otros significativos, incluso gente con quien está implicado sexualmente el paciente (parejas sexuales), e investigar el impacto que tiene la familia, es decir dinámica, roles, etc, en el desarrollo de los comportamientos adictivos. Otras metas adicionales para el tratamiento de un individuo que es adicto incluyen:
(a) La psicoeducación en relación con los distintos tipos de adicción (de sustancias y psicológicas).
(b) Trabajar con la negación del paciente adicto sexual.
Finalmente, podemos observar la importancia de co-construir los planes del tratamiento, asistiendo al paciente en metas de corto plazo y largo plazo, ayudando al paciente a evaluar su progreso en el tratamiento.
Es importante tener en cuenta que los pacientes que son adictos sexuales, sólo buscan tratamiento después de experimentar consecuencias negativas significativas. A su vez en algunos casos, el tratamiento puede ser ordenado por una corte, debido a los posibles delitos que puede cometer el paciente motivado por su adicción. También el tratamiento puede ser solicitado por un miembro de la familia, algún amigo cercano, o puede ser requerido por personas del lugar de trabajo (Seligman y Hardenburg, 2000). Por lo tanto, si el paciente recurre al tratamiento solamente para escapar a las consecuencias legales o para evitar problemas con terceros, el trabajo hacia metas identificadas no progresará a menudo tal y como se ha previsto. Por lo cual es importante recordar que si el progreso del paciente se atasca debido a los problemas mencionados anteriormente, puede ser necesario explorar la remisión con un mayor nivel de cuidado.
La meta del tratamiento es reducir o eliminar los comportamientos desadaptativos, para mejorar la forma de vida de los pacientes y reducir las probabilidades de recaída (Seligman y Hardenburg, 2000). Según éstos autores, debido a la naturaleza de este trastorno, el tratamiento debe ser polifacético e incluir a grupos, tratamiento individual, apoyo de la familia; medicación; psicoeducación; y grupos de autoayuda. Este proceso por lo tanto, implicaría un esfuerzo de colaboración entre el terapeuta, educadores, empleador, familia y amigos de los pacientes.
Según Carnes (1994a), la meta del tratamiento de los pacientes adictos al sexo no es necesariamente la abstinencia total, como en el trabajo con pacientes adictos a sustancias. El objetivo es establecer una vida de sobriedad y que el individuo pueda acercarse al sexo dentro de una relación estable.
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