INICIO arrow ARTICULOS arrow ABUSO SEXUAL - ABUSO SEXUAL INFANTIL
INICIO
QUIEN SOY
NOTICIAS
ARTICULOS
FOROS
ENCUESTAS
ENLACES
CONTACTO
Encuestas
¿Te agrada practicar el sexo oral?
 
¿Importa el tamaño del pene para la satisfación sexual de la mujer?
 
chaton.gif
Newsletter






Visitantes: 393561
PDF Imprimir E-Mail

 ABUSO SEXUAL - ABUSO SEXUAL INFANTIL

                                                

                                                

PARTE I

 

 MI CUERPO ES MÍO, MÍO, MÍO.

Los casos de abuso sexual intrafamiliar son más frecuentes de lo que se piensa y ocurren en todos los niveles socioeconómicos, raciales, étnicos y religiosos.

El entorno en el que más frecuentemente ocurre el abuso sexual es el intrafamiliar. Y ese tipo de abuso es –según la opinión de los especialistas– el más difícil de diagnosticar. “El abusador es, en general, una persona del ámbito íntimo del niño, y suele inducirlo sin el uso de la fuerza física a un pacto de silencio, al eterno secreto, además de hacerle padecer diferentes tipos de amenazas –comenta la licenciada Elvira Berardi, terapeuta especializada en el tratamiento del estrés postraumático de víctimas de abuso sexual infantil–. Por esto, a los chicos les cuesta contarlo, a pesar de lo que están pasando, y cuando se lo diagnostica suele detectarse que la víctima sufrió abuso por largo tiempo.”

Técnicamente, al abuso sexual infantil se lo define como “los contactos e interacciones entre un niño y un adulto, cuando el adulto agresor usa al niño para estimularse sexualmente él mismo, al niño o a otra persona”. Se considera una situación de abuso cuando un niño “está inmerso o depende de actividades sexuales que debido a su corta edad, inmadurez o adolescencia es incapaz de comprender o dar consentimiento”. Se considera niño a los menores de 18 años y agresor al “sujeto que, aun teniendo menos de 18 años, supere en cinco años la edad de la víctima”, asegura Berardi.

Las conductas sexuales pueden incluir todas las formas de contacto: manoseo, violación (penetración en la vagina, ano, boca), exhibicionismo, voyeurismo o el uso del niño para la producción de material pornográfico. “Durante mucho tiempo, la legislación consideró privados los episodios que ocurrían dentro de una familia –comenta María Elena Naddeo, titular del Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes–. Las leyes vigentes hoy se comprometen a hacer cumplir los derechos de los niños y adolescentes.”

Los casos de abuso sexual son más frecuentes de lo que se piensa, y ocurren en todos los niveles socioeconómicos, raciales, étnicos y religiosos. Y, tal como reconoce la American Psychological Association, no existen perfiles específicos de los abusadores porque, como sus víctimas, son heterogéneos.

Según estadísticas internacionales, se denuncia apenas el 10 por ciento de los casos. En la Argentina no existen cifras oficiales sobre la frecuencia en que sucede el abuso infantil. Estudios recientes muestran –de acuerdo con el informe del Estado Mundial de la Infancia 2007– que hasta el 2% de los niños en el mundo puede haber sido víctima de abuso sexual. A su vez, un estudio multinacional de la Organización Mundial de la Salud arroja que las niñas tienen muchas más posibilidades de ser víctimas de abuso que los varones. Otros informes registran que los abusos son más frecuentes en preadolescentes, sin capacidad de autoprotección, y que el 25% de las niñas abusadas quedan embarazadas.

Los niños y niñas que sobreviven al abuso –destaca el informe del Estado Mundial de la Infancia 2007– suelen sufrir daños físicos y psicológicos a largo plazo que afectan su capacidad de aprender y de relacionarse socialmente, y resulta difícil para ellos tener un buen rendimiento escolar y llegar a desarrollar amistades íntimas y positivas. No hay ningún tipo de violencia contra los niños que pueda justificarse.


Reconocer


Detectar a un niño víctima de abuso es el primer gran paso. Existen signos físicos, como las lesiones en la zona genital o en la perianal, pero éstos se encuentran sólo en un 25% de los casos, y en aquellos donde no hay penetración sólo se cuenta con el relato del niño, además de indicadores psicológicos: temor a determinadas personas, mal rendimiento escolar, conductas hipersexualizadas no acordes a su edad cronológica, conocimientos o palabras sobre
sexualidad infrecuentes para la edad del niño, pesadillas y, en especial en adolescentes, conductas de autoagresión y fugas del hogar.

El diagnóstico de abuso no depende exclusivamente del examen físico; por esta razón, se debe trabajar interdisciplinariamente. “Todo el sistema de salud actúa para atender a las víctimas, pero también debe funcionar como atención primaria en la prevención y en la detección –subraya Naddeo–. Con el crecimiento de la difusión de información, las consultas se incrementaron en todos los servicios.”

El lugar de mayor detección de violencia contra niños es la escuela. “Se trata del ámbito donde los chicos pasan más tiempo durante el día y es el lugar donde quizá se atrevan a verbalizar lo que les ocurre”, destaca Marisa Villarroel, coordinadora de la Defensoría de Niños, Niñas y Adolescentes de la zonal Flores.

“Sobre todo en la escuela pública –continúa Naddeo–, la institución privada aún no está inmersa en este circuito de protección de derechos por distintos motivos, en muchos casos porque son mamás y papás que pueden recurrir a abogados privados, además de tener sistemas prepagos de salud y otras derivaciones. Desde la dirección del Consejo y la programación de la Dirección de Educación Privada está planteado incorporar más activamente las escuelas privadas al circuito de protección.”

Si un chico sufrió abuso no alcanza sólo con mandarlo al psicólogo. “Es necesario un abordaje complejo: es un tema de salud, de educación, de vínculos –destaca Villarroel–. Es necesario trabajar en red.”

Cuando la nena o el nene pueden contar lo ocurrido, es su mejor defensa, y en estos casos es importante propiciar la confianza y escucharlos. Una vez que se animan a narrarlo, nunca se debe cuestionar la veracidad de los hechos porque, cuando los niños cuentan un abuso, por lo general no mienten, y sobre todo es importante insistir en que no son culpables. Hay que creerles. El mayor problema reside cuando son muy chiquitos y todavía no verbalizan lo suficiente, o cuando el adulto responsable no quiere escuchar o ver. Cuando hay sospechas de una agresión de este tipo se debe recurrir a los distintos canales de ayuda, que tendrán que indicar cómo seguir adelante para evitar que el abuso se silencie.

A fines de marzo, la Cámara de Diputados dio por unanimidad media sanción al proyecto de ley que prolonga la prescripción para los delitos de abuso sexual a menores. Si finalmente el Senado confirma su aprobación (se trata de modificar el artículo 67 del Código Penal), el tiempo de prescripción para los delitos de carácter sexual contra menores comenzará a contabilizarse a partir de que las víctimas cumplan la mayoría de edad (18 años). Una medida que busca poner fin a la impunidad que rodea a los damnificados, obligados en muchos de los casos a olvidar o, simplemente, a no hablar, para que puedan exorcizar el delito durante la adultez.

“A la hora de prevenir abusos es importante hablar de educación sexual desde temprana edad –afirma Berardi–, y la inclusión de este tema en las escuelas ayudará a que los chicos reconozcan su cuerpo y puedan trabajar sobre la idea de mi cuerpo es mi territorio y nadie lo toca sin mi permiso. Educar es una defensa personal.” 


                                   



Ellos también / Discapacitados


Estudios internacionales, como el publicado en Sexual Abuse of People with Developmental Disabilities, sugieren que entre el 39 y el 83 por ciento de todas las niñas con discapacidades evolutivas y entre el 16 y el 32 por ciento de los niños con discapacidades evolutivas son abusados sexualmente antes de llegar a los 18 años. Algunas estimaciones hablan de que sólo uno en 30 casos de abuso sexual de individuos con discapacidades es dado a conocer. Las investigaciones también señalan que suele ser muy raro que el abusador sea un extraño para la víctima.

“En la Argentina no hay un registro, justamente por la capacidad de indefensión total de las víctimas. Sí hay una mirada atenta –asegura María Elena Naddeo, del Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes–. En los hospitales suelen encontrarse casos de chicas y adolescentes discapacitadas que han sido internadas por otro tipo de urgencia, y por parte del cuerpo médico y de enfermeras se detecta el gran daño en los genitales. Las personas con discapacidades que han sido abusadas soportan un abuso severo crónico.”


Indicadores específicos

Físicos
·        Lesiones en zonas genital y/o anal
·        Sangrado vaginal y/o anal
·        Infecciones genitales o de transmisión sexual; flujo vaginal con resencia de gérmenes no habituales en niñas

Psicológicos

Preescolares
·        Conductas hipersexuales o altamente eróticas. Preocupación genital obsesiva; búsqueda de los otros para participar en conductas sexuales; excesiva masturbación, masturbación con objetos; explícita muestra de conductas y actos sexuales en el material de juego
·        Trastornos del sueño (pesadillas, temores nocturnos asociados con algún lugar, persona u objeto)
·        Comportamiento excesivamente sumiso
·        Conductas regresivas
·        Enuresis, encopresis
·        Retraimiento social

Escolares
·        Cambios bruscos en el rendimiento escolar
·        Comportamiento excesivamente sumiso
·        Problemas con figuras de autoridad
·        Fugas del hogar
·        Coerción sexual hacia otros niños
·        Fobias
·        Quejas somáticas (cefaleas, dolores estomacales)
·        Sobreadaptación

Adolescentes
·        Promiscuidad sexual persistente
·        Coerción sexual hacia otros chicas/os
·        Adicciones
·        Conductas autoagresivas
·        Intentos de suicidio
·        Excesiva inhibición sexual
·        Trastornos disociativos
·        Conductas delictivas 

 

 

PARTE II


                             YO SUFRÍ ABUSO

Ana tiene 34 años. Está en pareja, tiene una hija de cinco años que adora, un buen trabajo y un pasado que no oculta. A los 8 años fue abusada por el mejor amigo de su padre.

                                                                  Abuso Sexual                                    

           Ana asegura que uno tiende a superar el abuso, pero nunca a olvidarlo. Foto: Martín Lucesole.

La pasé supermal. El mejor amigo de mi papá, al que yo le decía «tío», abusó de mí cuando yo tenía 8 años. Me amenazaba, me decía que si yo decía algo iba a matar a mi hermano.”

Ana no siempre estuvo amenazada; al contrario, al comienzo se sintió especial. “Recibía regalos y hasta me enseñó a fumar. Vivía al lado de mi casa. Yo le decía tío (lo repite). Al principio, todo era como un juego.”

Ella vivía en San Pedro, provincia de Buenos Aires. El también, pegadito nomás. Ella tenía 8 y él, 36. “Todo empezó como un juego. El me prometía regalos. Iba a su casa, charlábamos, me mostraba revistas donde veía cosas.”


–¿Qué cosas? 


–Pornográficas. A esa edad te interesa, decís ¡uah! Lo que estoy mirando. Algo prohibido que él me mostraba porque confiaba en mí. Después cambió: ya no me mostraba la revista, sino que empezó a hacerme cosas. Al principio, y de cierta manera, resultaba placentero. Sé que es difícil de entender, pero son zonas erógenas. Yo me acuerdo de que me daban ganas de hacer pis cuando él me hacía sexo oral.


–¿Cuándo comenzó a amenazarte?


–Cuando me obligaba a que yo le hiciera cosas a él. No quería, no me gustaba. Le decía que el juego ya no me gustaba y que se lo iba a contar a mi mamá. Para una nena de 8, practicar sexo oral no es nada agradable. Pero seguía padeciendo y obedeciendo porque si le contaba a alguien, él iba a matar a mi hermano (de 9 años y medio). Empezás a sentir miedo, pánico. Para mi, él era un gigante. No te queda otra que bancártelo sola: no sabes cómo decirlo, porque sentís pánico. Sentía odio.


–¿Lo odiabas a él?


–Odiaba todo. Hasta me decía que yo sufría por mi hermano. Yo no quería que le pasara nada a mi hermano, pero a la vez lo odiaba, porque sufría por culpa de él.

El abuso duró un año y medio. “Hasta que se separó de su mujer y se fue. A casa empezó a venir esporádicamente; yo estaba más protegida, porque él me hacía ir a su casa cuando su mujer y su hijo no estaban.”


–¿Te animaste a contárselo a tus padres?


–Pasó el tiempo y fue como que lo borré; no sé bien qué hice. Viví normalmente hasta que, a los 12 años, en la escuela hablaron de educación sexual y ahí empecé a darme cuenta de lo que me había pasado. También entendí por qué, cuando venía a casa de visita, yo me iba a mi cuarto, no quería verlo, y te juro que no sabía bien por qué. Fue los 12 que lo conté.


–¿Cómo fue?


–Estaba sola en casa; tocaron el timbre y era él. Fue como ver al diablo. No le abrí. Fue en ese momento que le escribí una carta a mi mamá y a mi papá, porque no me animaba a decírselo. Les puse que, después de que la leyeran, la rompieran. Cuando leyeron la carta, yo estaba acostada y llorando. Lo primero que dijeron fue “Ana, cómo no nos contaste”. Les dije que no sabía, que no sabía si era verdad (los especialistas lo llaman la desmentida, una defensa inconsciente). Ellos no sabían qué hacer. Yo ya tenía 12 años y esto había pasado a los 8, en un pueblo chico, con una persona querida, vista ante todos como un buen tipo. Mis viejos no supieron qué hacer; ésa es la verdad.


–¿Te creyeron?


–Sí, me creyeron, pero no supieron qué hacer. Me preguntaron a mí, que tenía 12 años. Mi papá llegó a decir, “lo mato; saco un arma y lo mato”. Yo estaba asustada; le decía: “No pa, no, porque te van a meter preso a vos. No hagamos nada”. “¿No hacemos nada?”, me preguntaron. Y no se habló más del tema hasta que fui adulta. A mis viejos los culpé durante mucho tiempo; no es que no quisieron actuar, sino que no supieron qué hacer. A mis viejos los adoro; me ayudaron un montón cuando fui grande. Mi mamá se siente muy culpable de haberme desprotegido. Me dice: “Yo no sabía qué hacer. Si lo denunciábamos, no nos iban a creer”. Sé que mi viejo le pegó en un bar.


–¿Cómo fue tu adolescencia? 


–Difícil. Recuerdo que cuando un chico me tocaba yo saltaba; no quería que me tocaran. Era arisca. Ni siquiera iba a los bailes que se hacían. Tampoco quería quedarme sola con ningún hombre; ni siquiera con mi papá y mi hermano. Temía que todos fueran iguales. Intenté suicidarme.


–¿Hiciste terapia?


–Empecé a los 14 y sigo. Durante un tiempo me sentí culpable: llegué a pensar y a preguntarme que quizá yo, que me sentaba en la falda y lo abrazaba mucho, lo había provocado. Después, con la terapia, pude ver qué culpa podía tener yo con 8 años, y él era una persona de confianza, mi tío. Ninguna culpa. El sabía lo que hacía; yo no.

Ana pudo rearmar su vida, formar una pareja –con altibajos–, tener un buen trabajo (es ejecutiva en una empresa de venta corporativa de asistencia al viajero), disfrutar de su hobby por la fotografía y tener una hija. “Tuve momentos de pánico cuando nació mi gorda. La llevaba atada conmigo. Cuando caminaba le ponía una especie de cinta. Tenía pánico de que me la saquen, que me la secuestraran. Ahora estoy más tranquila, aunque me da miedo dejarla ir a algún lado.”


–A él, ¿lo volviste a ver?


–A veces sigo cruzándomelo. Y me da bronca no haber hecho nada; me digo: si lo hizo conmigo por qué no con otra. El tendría que estar preso. Mis viejos no supieron cómo manejarlo; yo era chica y me dio pánico de perderlos. Con el tiempo uno tiende a superarlo. Pero olvidarlo, nunca.

 

 

 PARTE III

                                             LA INOCENCIA ROTA

Son pequeños y viven el infierno del abuso sexual en sus propias casas. Ocho de cada diez abusadores son los propios padres, padrastros o abuelos. Historias de chicos que sufren en silencio y sin libertad para crecer.

                               


De frente, la licenciada Elvira Berardi, especializada en abuso sexual, escucha y orienta a Alejandro, María y Esther.
Foto: Martín Lucesole

  

 


Tomé la decisión de dejarlo cuando él rompió los juguetes de la nena. El rompía todo; lo mío no me importaba, pero ver el caballito de la nena partido al medio, la sillita de comer sin el respaldo. Eso fue lo que más me asustó.”

Esther tiene 41 años y una única hija, ahora de cinco años. Esther habla una vez más, en busca de respuestas ante tanta incomprensión y oídos sordos. “Me separé de mi marido porque era violento; le tenía miedo. Siempre me amenazaba con el arma. Del miedo que yo le tenía dejé mi casa y me fui con mi hija a lo de mi mamá, que es donde estoy viviendo ahora.”

Dice que tres meses después de que ella dejara la casa, él fue a buscarla. “Quería llevarse a la nena. Tuvimos una audiencia, la abogada me pidió que dejara que él se la llevara, porque él es el papá y tiene derechos; eso me dijo. Conmigo era violento, con ella no. Eso me dio tranquilidad. Pero… yo dejé
la casa.”

Los domingos él se la empezó a llevar. “La traía muy tarde, muy tarde, cerca de las 11 de la noche, y ése era uno de los problemas que teníamos. Así se la llevó como seis meses, hasta que yo me di cuenta de lo que estaba pasando.”


–¿Qué estaba pasando?

–Abusaba de ella.

La voz se quiebra, las manos se sujetan fuertes entre sí, con toda la bronca, la impotencia y la culpa que carga Esther.

“Cuando me di cuenta, recién cuando me di cuenta, comencé a atar cabos sueltos. Cuando ella volvía de estar con el papá se tiraba al piso, estaba enojada conmigo. Y yo (lleva la mano al pecho, como quien está a punto de apuñalarse) no sabía por qué. Pensaba…


–¿Qué pensabas?

–Pensaba que ella quería volver con el papá, que no quería estar conmigo. Es que ella sufrió mucho por haber dejado su casa: era chiquita (la nena tenía 3 años y medio) y él vivía ahí. Además, cada domingo volvía a casa con una Barbie distinta, con juguetes caros. Yo pensaba que era por la separación, como la nena lo había sufrido tanto..., pero no, era una manera de asegurarse de que la nena quisiera estar con él. Como a la nena le gustan tanto esas muñecas... 


                                  Abuso Sexual
                                  


–Pero la nena empezó a cambiar.

–Se empezó a hacer pis en la cama y ella hacía un año que había dejado los pañales. Y yo, yo le contaba al papá, le decía que me parecía raro. Otra cosa que noté era que tenía un flujo raro, pero nunca pensé que era eso. Empezó a pasarse a la noche a mi cama, a querer lamerme la boca; me parecía raro; ahora no; ahora que sé, no, pero en ese momento. Nosotros no estábamos ni siquiera acostumbrados a darnos “picos”. Ella empezó a enfermarse. Se empezó a quedar a dormir en lo del papá. Ni se me iba a cruzar la cabeza de que un papá pudiera hacer eso. Un día, cuando la fui a buscar por la mañana, ella estaba en bombachita y hacía frío. No la mandé más. A él no le dije nada porque le tenía miedo. Le veo en la colita, cuando la estaba cambiando, que tenía como hemorroides. Se lo mostré a una de mis hermanas, que es médica. Tampoco pensó nada malo de él. Hasta me dijo “él no le va a hacer nada”, pero yo no estaba segura de eso. Busqué un abogado. Nos citaron en la audiencia, y dije que me parecía que algo estaba pasando. Le preguntaba siempre a la nena, pero ella no me decía nada. Hasta que un día empezó a lamerme y me dijo (respira profundo), me dijo que con su papá jugaba así. “Es un juego mamá”, me decía. “Es un juego”, y se escupía el dedo y se lo pasaba entre sus piernas abiertas. “Papá me encariña así. ¿Por qué vos no, mamá?” Aún hoy a veces lo hace.

En el juzgado le hicieron peritajes. La nena contó todo. “Ellos mismos me dijeron que hiciera la denuncia penal. Hace más de un año ya de esto. El está libre, como si no hubiera hecho nada. Mi nena tiene un montón de problemas; antes era tranquila, ahora es todo lo contrario. A veces, hasta parece una persona enferma mental. No sé bien adónde llevarla, no tengo plata para poder pagar terapias. Lo que le hizo el papá no sé si alguien se lo podrá sacar. Tiene la infancia arruinada, porque ella está como alterada. Me degeneró a la nena y él sigue con su vida como siempre.”

Los abusados pueden recuperarse; eso repiten los profesionales. Son heridas que pueden curarse, pero no siempre cicatrizan del todo. “Por eso es tan importante la detección –comenta la licenciada Elvira Berardi–. El niño siempre denuncia el abuso. A veces lo hace con palabras, otras con juegos y silencios. Sólo hay que estar atento a sus cambios de humor, de comportamiento. Hay que saber escuchar con todos los sentidos. Y lo más importante, creer, creer por sobre todas las cosas, lo que ese niño dice.”

Hablar de abuso sexual infantil es un tema que aún molesta. “Es tan escabroso y doloroso para una parte de la sociedad que por mucho tiempo se ha negado –reconoce María Elena Naddeo, titular del Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes–. Todo aquello referido a la violencia intrafamiliar hiere ciertos códigos tradicionales, y el abuso sexual, puntualmente, cuestiona seriamente las relaciones de padres e hijos, porque la mayoría de los abusadores son padres o padrastros, tíos o abuelos. Por esto es una problemática que se ha tratado de silenciar, de hacer callar, de hacer «sagrado» lo que ocurre entre cuatro paredes.” 


                               


 Yo te creo

“Tenía 3 años y medio cuando mi hija fue abusada –cuenta María, con el dolor en la mirada–; ahora tiene siete.” María dice que fue el abuelo. “Mi ex marido se llevaba a la nena a la casa de su padre y ahí pasaba todo. También participaba una prima de 11 años.” María habla rápido, escupe cada palabra sin orden. “¡Cómo es que me equivoqué tanto!”



–¿En qué te equivocaste?

–En casarme con él, cómo es que no lo vi. A mí el divorcio me destruyó, pero esto me desestabilizó. Ella siempre acusó al mismo, siempre habló de una nena y de un hombre, y recién ahora se está dando cuenta de que su papá estaba, que desde la cocina la veía, que su abuela también estaba. Lo mejor que pudo pasar es que lo haya hablado y que yo le haya creído. La Justicia no hizo nada; él, el abuelo, está suelto, nunca lo fueron a investigar. A mí me investigaron todo; me han hecho de todo. Y siempre voy a decir lo mismo, porque no miento: no se trata de peleas por la tenencia, no. El se la podía llevar (por el régimen de visitas) los miércoles y los viernes. Era una batalla campal: la nena se agarraba de las rejas de la casa porque no se quería ir y él se la llevaba a toda costa.

El abuelo, de casi 70 años, se subía a las dos nenas a upa, en el gran sillón del living de su casa. Con ellas encima se masturbaba, las tocaba. También le gustaba mirar, mirar cómo sus nietitas se tocaban entre ellas.

“La nena se enfermaba y, a pesar de que se hizo la validación del abuso sexual por parte del abuelo, el psicólogo del juzgado le mantenía al padre el régimen de visitas, y para la nena esto era terrible, porque su papá y su abuela eran parte: no lo impedían. Tuve que cambiar de abogado porque no nos creía, ni a mí ni a mi nena. Me decía «dale a la nena a tu marido porque si no te la van a quitar». No entendía lo que estaba pasando. Frené, tomé distancia, empecé a investigar sobre el tema: las idas y vueltas. Me empecé a enterar de las tramoyas, de que existía una línea 102 –yo no tenía idea–, pero como no era de la Capital no me cubría. Yo por aquel entonces vivía en la provincia. Di con una abogada que hizo más fuerte la denuncia. Finalmente, el juzgado consiguió proteger a la nena, ante el informe psicológico que se presentó, y se dejó sin efecto el régimen de visitas del padre.”

“Hay una tabla de valores con respecto a los abusos por parte de quien te recibe la denuncia –asegura Alejandro, un papá indignado y molesto–. Es como si fueras a la carnicería: si fue una violación con penetración y golpes, es una buena parte de lomo. En cambio, si fue un abuso deshonesto, un manoseo, tenemos ossobuco. Le dan más pelota a lo que se ve. A la otra, que está destruida psicológicamente, nada. Claro, es más difícil, pero el abuso está.”

Alejandro tiene una hija adolescente. A los 14, sufrió abuso por parte del odontólogo. Acomodada en el sillón y con la boca abierta, la chica padeció el manoseo del médico, un hombre de 60 y pico. “Le levantó la remera, le desacomodó el corpiño para tocarle el busto. Después intentó desabrocharle el pantalón. Ella seguía con la boca abierta.”

Sin dudarlo, Alejandro fue directo a la comisaría esa misma noche. Quizá porque esa vez no quería quedarse con los brazos cruzados. “Yo también fui abusado; tenía 20 años: me robaron y me violaron. Y no lo pude denunciar. No pude decirlo.”

Eran las 23.30; contó el caso; a la nena la llevaron al médico forense para constatar que no había sido golpeada ni violada. “Media hojita me dieron de denuncia. A mi hija no le preguntaron nada. Le quitaron importancia al caso. La madre de toda causa es la primera declaración. Tres días me llevó que la denuncia se armara como se tenía que armar. Es que nuestro peor enemigo es no tener plata, plata para poder pagarle a un buen abogado, a un buen psicólogo, que te puedan dar lo necesario. En cambio, estás solo, y si no reaccionás a tiempo todo queda en
la nada.”

Realizar la denuncia y comprobar el abuso no es sencillo. “Las situaciones de abuso se dan en un ámbito privado, y que no haya testigos para el discurso jurídico suele ser complicado –reconoce la licenciada Marisa Villarroel, psicóloga y coordinadora de la Defensoría de Niños, Niñas y Adolescentes de la zonal Flores–. Esta es la parte más complicada, si hablamos de abusos sin rastros físicos, o sea, sin penetración. En un abuso apelamos a la palabra de los chicos, a las intervenciones de los profesionales, pero a veces no alcanza para que la Justicia sancione al denunciado.”


Sólo un juego

“Por una mamá del jardín descubrí lo que le pasaba a mi hija”, cuenta Andrea, nerviosa, acelerada e inquieta. Por momentos su voz es interrumpida por una risita ahogada que acompaña cada ¿cómo no me di cuenta? Y la afirmación más dolorosa: “Yo le creo a la nena, pero no me entra, no me lo puedo imaginar”.

Esa noche, Andrea tenía gente en casa. La noche en que la mamá de una amiguita de su hija golpeó a la puerta para decirle que su nena le había hecho
sexo oral a la amiguita en el jardín. “Las nenas nos contaron que se bajaban las bombachas en el colegio, que se miraban las «chuchis» y se metían el dedo. No podía creer que me hija le hiciera eso a otra; de dónde lo había aprendido, si ella es resumisa, recallada.”

A la noche siguiente, la nena de 5 años le confiesa a su mamá que su hermanita más grande, de 7 años, se lo había enseñado. “Enseguida hablé con mi ex marido (en ese momento continuaban casados) y le dije que a la más chica se lo había enseñado la más grande. El me miró y me dijo «no se le cuentes a nadie». Yo estaba desesperada; le dije que teníamos que averiguar quién le había enseñado –otra vez Andrea suelta esa risita–. A él le decía que teníamos que averiguar. «No la expongas a la nena», me contestaba.”

Andrea decide hacerle a la mayor un psicodiagnóstico, que arroja el resultado tan temido: la nena había sido abusada por su padre. “Hoy todavía le pregunto a mi terapeuta si lo habrá hecho a propósito. Yo todavía no lo puedo creer; quizá lo hizo sin intención, jugando.”

Con plastilina, la nena moldea un papá sin brazos pero con una boca inmensa, bien roja. En cada test, ella se dibuja sola, indefensa, y en cambio, a su papá lo hace alto, grande y con una hebilla de cinturón enorme, como rogando que nunca se abra. Cada dibujo lo firma, lo autentifica y en cada cinta que el psicólogo graba, su voz repite, «yo siempre digo la verdad». 

                                         

Dónde pedir ayuda

·        Línea CONTAME. (0800-2222-800). Servicio gratuito y de alcance nacional del Consejo Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia a través del cual se puede denunciar en forma anónima cualquier situación en la que se vean afectados los derechos de niños, niñas y adolescentes. La línea funciona de lunes a viernes, en el horario de 9 a 21 .
·        Línea 102. Atención gratuita las 24 horas.
·        Consejo de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes. Av. Roque Sáenz Peña 547, piso 6°; 4331-3232 y 4331-3297 www.infanciayderechos.gov.ar
·
       
Red Solidaria 4796–3923/5828.
·        Dirección General de la Mujer. Carlos Pellegrini 211, 7º piso, de lunes a viernes, de 9 a 17; 4323-8451 y 4393-6462.


Defensorias zonales-Capital Federal
·        Belgrano. Av. Cabildo 3067, 1er. piso 4703-1941 y 4702-3748/9 Int. 307).
·        Boca-Barracas. Santo Domingo 2752 4301-8824 y 4301-5414.
·        Centro. Av. Jujuy 1028 4942-7164 y 4942-0747.
·        Chacarita-Paternal. Rodney 220 - 4857-0121.
·        Flores. Castañón 1060 - 4637-9378
·        Lugano-Piedrabuena. Cafayate 5262 - 4605-5741
·       Mataderos-Liniers. Pieres 376 Dto. B - 4642-8739 y 4643-1572
·       Nueva Pompeya. Del Barco Centenera 2902 4919-6429 y 4918-2243
·        Once. Junín 521, piso 2º 4375-0645/1850/2042
·        Palermo. Av. Córdoba 5690 - 4778-9040 y 4773-2946
·       Parque Centenario-Caballito. Av. Díaz Vélez 4558 4958-7047/7048
·        Plaza Lavalle. Paraná 426, piso 12° Dto “H” 4374-3273 y 4373-6559
·        Villa Devoto-Villa del Parque. Ricardo Gutiérrez 3250 4505-0853
·
       
Villa Urquiza. Miller 2751 4521-3496 y 4523-9489 Int. 313 y 303


Hospitales-Capital federal
·        Dr. Juan P. Garran. Combate de los Pozos 1881; 4941-8772
·        Pedro de Elizalde. Montes de Oca 40; 4307-5898
·        Ricardo Gutiérrez. Gallo 1330; 4962-2011


ONG
·        El Trapito. Olavarría 601; 4302-2141
·        IDEAS. Moreno 3393 - 4867-0827
·        Igualdad de Derechos. Puán 373; 4988-0119
·       Organización de Derechos Humanos Razonar. Libertador 7533, Trujui, Moreno; (011) 4465-1482 y (0237) 401-6882.


Comisarías de la Mujer y de la Familia
·        Provincia de Buenos Aires. http://www.mseg.gba.gov.ar/dgcpg/quienes.htm
·        Alte Brown. Andrade 98 Burzaco; (011) 4238-9760
·        Berazategui. 160 entre 24 y 25; (011) 4395-1283
·       E. Echeverría. Benavides 221 - Monte Grande; (011) 4296-5650
·        Ezeiza. Fariña 37 - Tristán Suárez; (011) 4234-3566 / 9332
·       Florencio Varela. Sargento Cabral y A. Storni Florencio Varela; (011) 4275 7185 / 8208
·        General Pueyrredón. Independencia 2474, piso 2° Mar del Plata. (0223) 494-9996 / 9943
·        Hurlingham. Handel 1625
·        La Plata. Calle 1 entre 42 y 43 N° 523, La Plata (0221) 423-1826
·
       
La Matanza. Ombú 3720 San Justo; (011) 4482-5683
·        Luján. Las Heras 381; (02223) 43-7330
·       Malvinas Arg. Ruta 8 y Ruta 197, Grand Bourg; (02320) 42-3193
·        Merlo. Juncal 363, Merlo; (0220) 483-6060
·        Moreno. Salvador María del Carril 255 (0237) 463-8910 / 462-8837
·
       
Morón. García Silva 923; (011) 4629-6150 / 6171
·        Pehuajó. Rivarola 146; (02396) 472385
·        Quilmas. Pilcomayo 68, Don Bosco; (011) 4252 0033 / 6006
·        San Isidro. Juncal 46, San Isidro; (011) 4512 2345
·        San Martín. Mitre 703; (011) 4512 6712 / 14
·        Trenque Lauquen. 9 de Julio y Estrada(02392) 424711
·        Línea Cuida Niños, Provincia de Buenos Aires: 0800-666 6466
·       Red contra el Abuso y Maltrato Infantil. Pilar y Malvinas Argentinas: 0800-222-22876 (ABUSO)
·        Catamarca, Chaco, Córdoba, Corrientes, Entre Ríos, Formosa, Mendoza, Misiones, San Juan, Santiago del Estero y Tucumán: línea 102
·        La Rioja: 03822-453 882
·        Misiones: 03752-44 7257
·        Neuquén: 0299-44 90800 Int. 278
·        Paraná: 0343-4208818 Int. 33
·        Concepción del Uruguay: 03442-432827
·        Colón: 03447-424356
·        Concordia: 0345-422 6300
·        Rosario: 0800-444-0420 / 4802446
·        Bahía Blanca: 455-2131
·        San Carlos de Bariloche: 02944 - 423937 / 430647
·       Chubut: 02965-453528 › Río Gallegos: 02966-438634 / Cel. 02966-15553860 (ONG Desafíos y Compromisos)
·        Entre Ríos: (0343) 431 0702
·        Formosa: (03717) 42-8562 / 42-7133 / 42-6114
·
       
Gral. Roca: (02941) 428-342 y 430-788
·        Jujuy: (0388) 424-0068 / 422-7596
·        La Pampa: (02954) 42–2766
·        Neuquén: (0299) 442-2377
·        Río Cuarto: 0358-4645955
·        Salta: (0387) 431- 8075 / 8076
·        San Juan: 0264) 422 – 6711 y 0800 – 666 – 6531
·        Santiago del Estero: (0385) 421 – 1880
·        San Rafael: (02627) 422121 / 430268 Int. 348/352 (Consejo de la Mujer)
·        Santa Fe: (0342) 453-0026 / 453-4775
·        San Luis: (02652) 42-8481
·        Tierra del Fuego: 02901-421888 / Int. 212-213

  Por Fabiana Scherer. Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla

 

 

 

Más información

www.rimaweb.com.ar/violencias/asistencia.htmlwww.unicef.org/spanish
www.abusosexualinfantil.com.ar
Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla


                                 

 

Fuente: 22.04.07. Diario La Nación.
Medicalsex.com.ar – Dr. Francisco Argañaraz. 


CONSULTORIO:
Buenos aires:
Recoleta. Av. Las Heras y Junin – Tel: 011- 48011508.
La Plata:
1)
COFRI CENTRO MEDICO: Av. 7 N° 112 (e/34 y 35). Tel: 0221 – 4836671.
2) HOSPITAL ITALIANO DE LA PLATA – CENTRO DE LA MUJER: Av. 51 N° 1755 e/29 y 30. Tel:  0221 – 4532463.
 
< Anterior   Siguiente >
Advertisement